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Una de las placas o tarjas de bronce ubicadas en el Monumento (foto: Monumento Conmemorativo 9/11)

Con los nombres de casi 3,000 personas que perecieron en los ataques del 9/11 en Nueva York, el Pentágono y Shanksville, Pennsylvania, el recién inaugurado Monumento y Museo Nacional de Septiembre 11 tuvo en sus manos una singular situación: ¿en qué orden deben imprimirse en las 76 placas de bronce que bordean las dos piscinas de agua donde estaban ubicadas las torres gemelas?

Debido a que precisamente se trata de un lugar en donde tantas nacionalidades, culturas, costumbres, idiomas y tipos de relación entre las víctimas estaban presentes, el simplemente imprimir dichos nombres en orden alfabético no le hacía justicia al cruce de caminos que representaba el World Trade Center. Sería una presentación muy simplista y dejaría fuera todos los aspectos del escenario que día a día se llevaba a cabo en este lugar. Solo imagina esto: la empresa Cantor Fitzgerald, cuyas oficinas ocupaban cuatro pisos (101 al 105) de la torre uno, perdió sobre 600 empleados ese día. Si imprimen todos los nombres en orden alfabético, se pierde un importantísimo detalles del porqué les tocó morir ese día.

Otra alternativa sería el que al ser dos piscinas que representan las dos torres, lo ideal sería que los nombres impresos en las placas de la torre uno correspondan a las personas que fallecieron en dicho lugar y así sucesivamente. ¿Pero qué de quienes trabajaban en torres distintas y algún tipo de relación les unía? Y ni hablar de una posible disparidad en la impresión de los mismos, además de otros tipos de complicaciones.

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Otra de las placas ubicadas en el monumento (foto: Monumento Conmemorativo 9/11)

Es por esto que era necesario tomar en consideración no tan sólo los nombres de las víctimas, donde trabajaban y en qué lugar fue que encontraron su fatídica suerte, sin0 también lo que tenían en común como personas y como seres humanos. Ante semejante complejidad, sólo había una cosa que hacer: traer al equipo de trabajo una computadora.

EL C’ÁLCULO DE LA DIMENSIÓN HUMANA

Esta computadora, ejecutando un programa especial matemático llamado “algoritmo”, habría de calcular la posición en las placas del Monumento de cada uno de los nombres de las víctimas teniendo en consideración varios aspectos.

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Quienes planificaron el Monumento se encargaron de solicitar a los familiares de las víctimas información que ayudara a determinar qué “proximidad significativa” existía en las vidas de las víctimas, obteniendo más de 1,200 respuestas a dicha solicitud.

Esa información fue ingresada a una computadora ejecutando el algoritmo que habría de calcular la dimensión humana tras el nombre de las víctimas y que fue creado por la firma niuyorkina Local Projects junto a un artista de la misma ciudad, Jer Thorp. Estos tomaron el proyecto tras ser rechazados por otros dos científicos de computación que dijeron que era imposible realizarlo.

En dos etapas, este algoritmo, el cual tomó un mes para que fuese creado, se encargó de determinar cómo una persona debe estar cerca de otra y así sucesivamente.

La primera fue responsable de agruparlos siguiendo la solicitud presentada por los familiares en la solicitud de información que se les hizo.

La segunda se encargó de acomodar en las 76 placas todos y cada uno de los 2,983 nombres de las víctimas según el orden que fue determinado por el primer algoritmo.

Monumento 9-11

Aún con la ayuda de la computadora, el programa fue diseñado para que humanos pudieran realizar ajustes de forma manual que permitiésen realizar ajustes según el proyecto iba avanzando y que también pudiese compensar ante retos en cuanto a la distribución de un nombre entre dos paneles y otro tipo de complicaciones.

El sitio en internet del Monumento de Recordación al 9/11 dispone de un sistema en español para poder localizar nombres particulares en dicho lugar.

LA IMPORTANCIA DE LA ORGANIZACIÓN

Un ejemplo de la importancia de estos datos lo es la historia de dos personas que antes de ese día no se conocían, pero gracias al recuento de un tercero, se supo que se encontraron en las escaleras tratando de escapar y uno de estos decidió quedarse con el otro, el cual no podía continuar bajándolas. Ambos murieron al desplomarse la torre uno. Pero gracias al trabajo de la computadora y los organizadores del Monumento, los nombres de Victor Wald y Harry Ramos aparecen juntos en una de las placas. De haberlos puesto en orden alfabético, Wald y Ramos quedarían muy distanciados, totalmente contrario a cómo realmente acontecieron los hechos aquel fatídico día de septiembre.

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En el caso de los empleados, suplidores, consultores y visitantes de Cantor Fitzgerald, de no tomarse en consideración el que todos estaban en uno de esos cuatro pisos que la firma ocupaba en el One World Trade Center, los nombres serían sólo eso: nombres. Al estar todos juntos, se conserva el hecho de que una de esas personas murió porque ese día estaba como visitante, contratista, suplidor o empleado de dicha empresa.

Ya de por sí es imposible, al menos para mí, olvidar lo que pasó ese día. Pero para aquellos que por suerte no fuimos víctimas de muerte, este monumento, y la forma tan respetuosa como presenta para la posteridad los nombres de los allí caídos, ayuda a mantener con vida no tan sólo el recuerdo de los fallecidos, sino los lazos que les unían.

Bravo.

Mira el episodio completo (en inglés). Accede a más en NOVA.

1 comentario

  1. miguel angel
    09/12/2011 | 12:50 pm a las 12:50 pm — Reply

    Interesante

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