OPINIÓN / OP-ED | por Adriana Noreña, autora invitada

Op-Ed

Un “Op-Ed” (“opposite the editorial page”) es un artículo cuyo propósito es servir de vehículo para las opiniones particulares de un escritor o autor no afiliado a la directiva editorial de un medio de comunicación. Esto es diferente a un editorial, el cual es de la autoría de quien o quienes componen la directiva editorial.

Lo presentado a continuación es la opinión de un autor ajeno a Tecnético y el mismo no necesariamente representa la posición u opinión o representa un endoso o respaldo a las expresiones vertidas en este.

Mi hija tiene 9 años, y como cualquier niña de su edad, siempre tiene preguntas.

Para algunas tengo la respuesta y para otras ni siquiera puedo empezar a imaginarlas. Así es como debería ser: en la mente de los niños, todo lo desconocido debería tener una respuesta o solución. ¿Por qué hay personas ciegas? ¿Qué hay del otro lado de un agujero negro? ¿Cómo una criatura tan pequeña como un mosquito puede causar tanto daño? Cuestionar es el primer paso hacia el descubrimiento. Pero en la mente de Alexa, cada una de estas preguntas realmente encierra otra: ¿Por qué no hemos encontrado una solución a esto?

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Esta semana, Google lanza la sexta edición del Google Science Fair (Feria de Ciencias de Google), un concurso para estudiantes de entre 13 y 18 años. Su objetivo es doble: mantener a los jóvenes comprometidos y motivados a buscar soluciones a través de la ciencia a preguntas que no han sido respondidas, así como enfatizar la importancia de las ciencias en la educación alrededor del mundo. Hacemos esto porque creemos firmemente que la “ciencia es el motor de la prosperidad humana—es la manera cómo nos enfrentamos a los problemas más desafiantes del mundo; desde curar enfermedades hasta vivir de manera sustentable en un mundo que no durará para siempre”.

Suministrada
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En años anteriores, los ganadores del Google Science Fair idearon proyectos asombrosos: desde un nuevo método para detectar el Ébola de manera portátil y a bajo costo, hasta un artefacto que produce agua potable con ayuda de energía solar, e incluso un pequeño robot que podría garantizar el cultivo sostenible al permitir que la gente plante alimentos en sus patios de manera remota. En ésta edición 2016 nos gustaría ver un mayor liderazgo de América Latina, tanto en la cantidad de proyectos presentados, como en el número de semifinalistas.

Las razones por las que Latinoamérica tiende a tener pocos participantes en ferias de este tipo son muchas y muy difíciles de resolver. Entre ellas está la calidad de la educación, la escasa tradición de participar en este tipo de competencias globales y el bajo interés de jóvenes interesados en carreras científicas. En el estudio Los estudiantes y la ciencia publicado por la Organización de Estados Iberoamericanos de 2011, se estableció que sólo 3% de los alumnos de escuelas secundarias en América Latina y España quieren seguir una carrera en ciencias naturales o exactas. Mientras que de acuerdo con la prueba PISA 2006, los estudiantes de América Latina están muy por debajo del promedio de la OCDE en ciencias y matemáticas.

Como parte de un esfuerzo de incentivar a los estudiantes de nuestra región, este año, tendremos premios regionales, que incluirán un ganador de América Latina. Este galardón lleva el nombre de “Premio al Impacto Comunitario” y los proyectos que aspiren a él deberán concentrarse en razonar problemas y proponer soluciones en torno a las temáticas de la salud, la pobreza y el medioambiente. Los ganadores regionales viajarán a las oficinas de Google en California.

Sé que es importante hacer nuestro máximo esfuerzo para abrir más posibilidades con el fin de que un mayor número de personas de nuestra región reciban reconocimiento en éste y otros proyectos similares, así como tener acceso a las becas. La Google Science Fair — a través del apoyo de Google y socios — ha invertido más de $1 millón de dólares en la educación de los finalistas, acercándolos a su sueño de adquirir conocimiento y herramientas necesarias para transformar el mundo a través de la exploración científica.

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Como mamá, no puedo garantizar que en poco más de tres años, cuando mi hija sea elegible para participar en éste concurso u otro similar, elija hacerlo. Tampoco puedo saber si su vocación recaerá en las ciencias, la ingeniería o las matemáticas.

Sin embargo, puedo ayudarla mientras ella se descubre a sí misma y al mundo que la rodea. ¿Cómo? Incentivándola a que continúe haciendo preguntas –aunque yo no conozca las respuestas–, haciéndole saber que estas “ferias de ciencias” existen –y que no sólo son cosa de “varones”–, enfatizando el valor del pensamiento científico –como parte de un proceso creativo y no reñido con él– y enseñándole que no hay edad mínima para embarcarse en la búsqueda de soluciones a los problemas que enfrentamos día a día.

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